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En el extremo sur del hermoso valle de Belén, a doce kilómetros al norte de Santa Rosa de Viterbo por la carretera central, encuentra el viajero una pequeña población que lleva el nombre de Cerinza. Su origen se pierde en la oscuridad de la preconquista y sólo se sabe que estaba gobernada por un jefe indígena que dependió del aguerrido y valeroso cacique Tundama.
En la independencia el nombre de este pueblo se cita repetidamente al hacer relación al valle que le sirve de asiento, a donde llegaron los libertadores pocos días después de su descenso por los páramos de Pisba.
En el valle de Cerinza los fundadores de la patria encontraron una generosa acogida y recubrieron auxilios oportunos.
La situación topográfica de Cerinza es de una belleza poco común. Se levanta la población como antes se ha dicho, es un sector del prolongado Valle de Belén, rodeado por cerros elevadísimos y escarpados que recuerdan al visitante las formidables descripciones de Pereda sobre la provincia española de Santander. Siempre verde aún en los veranos más prolongados, esa planicie de Cerinza tiene paisajes importantes.

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